jueves, febrero 24, 2005

"Chechu"


Mi grupo de amigas argentinas es muy peculiar. Casi todas tenemos la misma edad (menos Patricia, pero ni se nota). Nos movemos alrededor de un eje central y este se llama Cecilia (Chechu).
A cada una nos preguntan, quién es nuestra mejor amiga y respondemos que ella.

La Chechu es esa chica gordita (si me lee me mata, odia ser gorda y se enoja con quién le insinúa un gramo de más). Muy sensible, divertida, que le gusta mucho el baile, las salidas, la noche.

Alguien que aparentemente no tiene un carácter fuerte pero que aglutina con una magia especial.

No bebe alcohol y no permita que lo hagamos. Nos obliga a hacer dieta y gimnasia.
En conclusión, es un personaje.

Ella y Patry son las únicas que tienen hijos.

Igual Chechu no se resigna a la idea y quiere estar en todas las parrandas. Para ella no hay problema alguno. Deja a sus dos chiquitos (Luca de 2 años y Martino de 3 meses) con su madre, sus tíos o el padre de las criaturas y sale con nosotras. Eso le ha costado más de una discusión con su familia.

Yo la conocí a los 2 meses de estar en Argentina. Se presentó en mi casa diciendo que ella y sus amigas viajaban a Cuba y querían saber como era todo allá. Así que le mezclé las bellezas turísticas con un poco de la realidad cubana, cosa de no impactarla mucho de golpe. No había necesidad. Igual ellas iban de vacaciones, no era importante amargar el viaje.

En agradecimiento se ofreció a llevar todo lo que quisiera enviarle a mi familia. En ese momento, no había mucho que mandarle. Aún yo vivía con la familia que me ayudó a salir de Cuba y ellos me mantenían. Hacía solo un mes que trabajaba y ganaba muy poquito.

Igual le pedí un gran favor. Le entregué mi título universitario, el de bachiller, los programas de estudios universitarios, la certificación de notas y 1500 dólares, para que se lo entregara a un amigo mío en la C. de la Habana. Él se encargaría de legalizarlo en Consultoria Jurídica Internacional y luego en la Embajada Argentina en Cuba. Luego estos documentos volverían a mis manos por medio de otras chicas conocidas de Cecilia, que viajaban también a mi país y permanecerían más días que ella en la Capital.

La verdad que haciendo balance, me doy cuenta que confié demasiado en ella para no conocerla. A veces nos morimos de risa cuando le digo que si yo hubiera sabido para aquel entonces lo "chanta" que son algunos argentinos y lo tarambana que es ella, ni loca pongo en sus manos mi tesoro más preciado (mi título) y tanto dinero, porque ella era capaz de tirar mi título al mar y gastar ese dinero en alguna festichola con un negrito jinetero cubano. Jajajaja.

Lo peor es que no tenía nada que comprobara que le había hecho tal entrega. Si ella me hubiera salido falsa, yo me habría ahorcado, porque ya se sabe que si se pierde esa documentación Cuba no me la da nunca más y para colmo ese dinero era prestado ( por suerte tuve mucho trabajo después y lo pude devolver).

A su regreso ella me buscó todo el tiempo y me integró a su grupo, pero eso es otra larga historia, que les contaré después, porque si lo hago ahora..... se me duermen!!!

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