Luchando con la almohada.
Da vueltas de un lado a otro de la casa, sin encontrar comodidad en ninguna parte. La soledad la asusta. Hace mucho frío. Es un día lunes. Llueve allá fuera. Decide irse a dormir.
Su cuerpo busca posicionarse para entrar en calor. Siente el lecho más grande de lo que creía. La almohada le recuerda, eso que no quiere recordar. En histérico arrebato la saca de la cama y la tira contra la puerta de la habitación. Toma entre sus brazos, la compañera de aquella ingrata infiel. Por un momento, espera ver sí su mente vuelve a ser interrogada por la almohada sustituta. Nada pasa. Ahora todo es silencio. Unos enanitos verdes comienzan a tirar de sus pestañas.
Llega el sueño. Siente paz. Ya no puede luchar contra su imaginación. Unos brazos que no están la envuelven hasta el otro día.
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