Amor por correspondencia.
Ya le he hablado de mi padre en otras oportunidades y, siempre lo pinté como un pícaro, bromista y un dictador familiar. Como diría mi madre: "claridad de la calle y oscuridad de la casa". Aunque es así, todos lo quieren y respetan.
Él nació en la provincia de Holguin en el seno de una familia pobre, que cultivaba su parcela de tierra y que tuvieron 17 hijos, incluyéndolo a él..
Se casó a los 19 años con una joven del lugar y tuvo con ella tres hijos, hasta que un día ella lo abandonó y se fue a la Habana. La verdad nunca se supo, pero todos decían que ella había conocido otro hombre.... y efectivamente pronto se le vió acompañada y luego esperando otro hijo.
Porque con el tiempo conozco la esencia de mi padre, podría aplaudir a su primera esposa. Le dió una cucharada de su propia medicina.
Él es el tipo de hombre que puede hacer y deshacer fuera de la casa lo que se le cante, pero en su casa todo tiene que andar en linea recta y jamás abandonaría a sus hijos, porque para él no hay otra cosa más importante que "la moral, los principios y las buenas costumbres". La mujer debe estar en la casa y el hombre, es hombre y puede hacer lo que quiera.
Ya sé, es flor de machista mi padre, pero sigamos la historia...
Mi padre al poco tiempo se mudó a la Habana y se instaló en el mismo pueblo con el fin de estar cerca de sus hijos y darle una buena educación. Con su ex esposa siempre mantuvieron un buen trato y con el tiempo han adoptado tanta familiaridad que parecen hermanos.
Luego anduvo de mujeriego de un lado para otro, hasta que un día en una casa amiga vió una foto de mi madre y pidió la dirección para escribirle.
La verdad que hoy no sé bien como hizo, porque yo sé que no es bueno en el arte de escribir, pero a pesar de todo sus cartas llegaron a Cienfuegos a las manos de mi madre, que al principio se mostró incrédula y luego ilusionada.
Ella que se había quedado soltera por cuidar a sus padres y con 35 años, justo cuando todos decían que "había quedado para vestir santos", era protagonista de un amor por correspondencia. Pobre vieja, no imaginaba lo tarambana que era este príncipe azul.
Luego del ir y venir de cartas, él pidió autorización para visitarla y después de muchos viajes de la Habana a Cienfuegos, mis padres se casaron, con la condición de que mi vieja solo se movería si se llevaba con ella a sus padres.
Pues así no más, mi padre se hizo cargo de mi madre y de los padres de mi madre. Así que los arrastró a todos a la Habana y se instalaron en Playa Baracoa hasta el sol de hoy.
Pero no lo crean santo, después se la desquitó a la grande, pero será tema de otro post.
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