domingo, octubre 23, 2005

Martes 18: Día de gloria.

Me desperté muy temprano para acudir a dos citas que tenía prevista ese día. Había conseguido concertar tres, pero una la hice el día anterior y fue un verdadero fracaso. Yo pienso que el cansancio me jugó una mala pasada y no supe expresarle a la profesora mi punto de vista y mis buenas intenciones.

Por suerte, este día las cosas comenzaron bien. Me vestí de blanco y lo tomé de cábala. Representaba para mí, la expresión de ir en son de paz.

El primer catedrático resultó ser el Director de un Hospital y un profesor de mucha experiencia. Me recibió junto a los otros profesores de la Cátedra. Para mi asombro, comenzó a preguntarme sobre los temas que enseña. Yo no podía creer que me estaba evaluando ahí mismito. Luego con una dulzura increíble me felicitó, plasmó el resultado por escrito y me deseó toda la suerte del mundo en las otras materias. Conclusión: este Dr. es un dulce!

Luego mi otra cita se vio postergada a la tarde y necesité trasladarme lejos de la zona conocida por mí. Este Sr. Dr. dirige un Instituto muy importante y es el autor de todos los libros de referencia de su cátedra. Un hombre serio y que inspira un respeto de aquellos. Me escuchó con detenimiento, buscó un marcador y me dijo que señalara en mi programa de estudios donde estaban los contenidos que él daba, y que si había más del 90%, él cambiaba su dictamen y me homologaba en el acto. Así que eso mismo hice y por segunda vez en el día volví a mi Hotel con una sonrisa amplia.