Despedida de Andrea.
Cuando llega el verano parece que la fe en el matrimonio se reaviva y a mis amigas les da por casarse ..... Bueno, seamos honestos, las motiva el casamiento ajeno y ponen fecha para el verano próximo.
El viernes pasado fue la despedida de soltera de mi amiga Andrea, que se casa la próxima semana. Preparamos esta celebración con unos días de anticipación.
Nos citamos todas en una casa quinta, donde charlamos, cenamos pizzas y empanadas y bebimos gaseosas y cerveza.
Entonces para empezar la diversión le vendamos los ojos a la homenajeada y la encerramos en el baño con una de nosotras. Mientras las otras buscamos los disfraces escondidos, tanto el de ella como los nuestros.
Primero nos disfrazamos nosotras. No imaginan las caras que teníamos todas. Hubo mujer maravilla, pirata, gitana, árabe, diva, payaso, murguera y española.
Luego la hicimos traer y con los ojos vendados le colocamos su atuendo de tetas y una exuberante cola. No imaginan la impresión reflejada en su cara cuando al retirar su vendaje se vio y luego nos vio a nosotras. Se armó un escándalo de risas.
Nos subimos todas a una camioneta y a los cornetazos y los gritos recorrimos toda ciudad, pasando primeramente por la casa de los pàdres de ella.
Luego estacionamos la camioneta un momento y al querer arrancar descubrimos que nos habíamos quedado sin batería, así que nos bajamos y tuvimos que empujarla.
Después nos esperaba un grupo de chicos con tambores y desfilamos a pie, bailando a pura murga por toda la Ciudad de Lobos. Fue muy agotador, hubo quien se llenó de ampollas en sus pies.
Cuando decidimos subirnos nuevamente a la camioneta y darle un asalto al futuro esposo, descubrimos que habíamos pinchado una rueda y no teníamos herramientas para cambiarla. Por suerte varios autos con amables chicos se apiadaron de las enmascaradas chicas y nos ayudaron a cambiar a la rueda de auxilio.
Como un poco el animo festivo se había enfriado, subimos a la camioneta, nos despedimos de los chicos con tambores, dimos una última vuelta al centro y regresamos a la casa quinta donde nos comimos parte de lo que había quedado de la cena. Charlamos un poco más y calabaza, calabaza cada uno pa' su casa.
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