sábado, febrero 18, 2006

Embarazadas.

Historias del 134: Embarazadas.

Se supone que cuando sube al colectivo una embarazada lo más correcto sería ofrecerle el asiento, por respeto al estado de la señora.

Me pasa que como estoy un poquito más gorda y uso ahora esas blusitas de moda anchas y de lacitos atrás, muchos me confunden con una embarazada y me brindan el asiento.

Al principio me negaba, pero pasábamos vergüenza ambos, la persona por confundirte y yo por no estarlo. Así que ya no explico nada, lo acepto siempre que no sea otra mujer, un niño o ancianos, en cuyo caso agradezco y digo que me quedo pronto.

Hace un tiempo, uno de esos días cercanos a la menstruación en que te encuentras hinchada, subí al colectivo y todos al verme pensaron de inmediato, ahí viene una embarazada. Muchos se hicieron los distraídos y dormidos, pero como yo no estaba embarazada solo me reía por dentro.

Me paré entre dos asientos. En uno el hombre se hacía el dormido y el otro, iba una doctora en medicina de unos 30 años que no se inmutó.
Seguro se dio cuenta de que no pasa nada y no es embarazo -pensé-.

Pero al cabo del rato se sube una embarazada de 8 meses y medio, con una de esas panzas enormes, y se queda de pie a mi lado sin que la escena cambie. No saben mi indignación. ¿Es que acaso ese hombre no tuvo ni tiene madre o esposa? ¿Es que acaso esa médica no es lo suficientemente humana para ayudar a esta embarazada? Pues no...ninguno se levantó...nadie en el colectivo lo hizo.

La primera en bajar fue la médica sin corazón, y entonces la chica me dijo: "...siéntate tú que llegaste primero...". "Claro que no "-le respondí-, siéntese ud. que tiene más tiempo de embarazo...". Así que eso hizo y aunque yo de pie, nos quedamos charlando hasta que llegó mi parada.

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