jueves, abril 20, 2006

Madre con pantalones.

Después de tanto esfuerzo por conseguir trabajo y convencer a mi padre que la dejara ganarse su dinero y libertad, mi madre comenzó a trabajar.

Para mi padre fue un cachetazo. Él siempre consideró que todas las mujeres que trabajaban fuera de casa eran unas perdidas, y no le quedó más remedio que tragarse sus palabras, cuando en acto heroico mi madre se puso los pantalones.

El gran dilema era que hacer con nosotras, ya que asistíamos a una escuela común, y luego de clase quedaríamos solas. Así que nos buscaron quien nos cuidara a la tarde, pero nunca mi padre estaba conforme con nada.

Luego vino el accidente de mi madre, justo de camino a su trabajo. Así que por unos días pasamos de mano en mano y nos miraban con lástima, como si fuéramos a quedar huérfanas.

Cuando mi madre regreso del hospital, llegó desde Cienfuegos el batallón de tías maternas, quienes nos cuidaban y mimaban como nadie.

Pero como yo siempre meto la pata, con tantas visitas y la alegría de mi mami en casa, un día en la cocina y con la felicidad de comer en familia y ayudar, quise retirar del fuego una cacerola (olla) muy pesada y lo único que conseguí fue pegarla a mi panza (barriga) y provocarme una quemadura de segundo grado. Así que lo único que conseguí fue complicarlo todo.

De a poco las aguas fueron tomando su nivel. Mi pancita curó. Mi madre comenzó a recuperarse y la idea de reintegrarse a su trabajo comenzó a sentirse en el ambiente.

También se escuchó la noticia que nos cambiarían de escuela, para el Seminternado Manolito Aguiar..... y a nosotras nos invadió la nostalgia de abandonar nuestras amigas y enfrentarnos a lo desconocido, pero no hubo lágrimas que ablandara tal decisión.

Así que comencé mi cuarto grado, estrenando vida nueva!