miércoles, mayo 03, 2006

Con el tiempo y un ganchito.

Como todo en la vida, el tiempo es la mejor medicina. Pasaron los días y me fui resignando a mi nueva escuela y mi nuevo cuarto grado.

Conocí otros compañeritos y de a poco fueron saliendo mis dones de líder.

Digamos que no era esa líder querida y natural, sino aquella que más le convenía a los maestros, porque era una polilla tragona de libros y una fiel guardiana de los intereses de la escuela.

Mi primer maestro de cuarto grado fue Manuel. Nunca tuve mucho apego con él, pero solo estuvo 5 meses con nosotros porque luego lo trasladaron a cumplir una Misión Internacionalista en Nicaragua.

Para su despedida llevó a sus mejores alumnos al restaurante "El Laguito" en Bauta. Ahí fue su primer encontronazo con mis padres quien jamás me habían dejado ir a ninguna parte, siempre y cuando no fuera con ellos. Estuve llorando como una semana para que me dejaran ir.

Al final fui, con apenas 15 pesos y una ropa tan ridícula, que hubiera preferido haberme quedado en casa para no avergonzarme.

Ya en el lugar, me di cuenta que no solo era una guajira, sino un bicho raro, que vivía de la escuela a su urna de cristal y que no sabía nada de restaurantes, ni como comportarme en una mesa, ni como elegir un menú coherente. Terminé pidiendo arroz y picadillo, porque el resto de los platos para mí tenían nombres raros y no sabía que eran... y preguntar....eso nunca...jamás demostraría mi ignorancia.

Luego Manuel se fue, vinieron otras 2 profesoras y terminé siendo la jefa de grupo, vaya basura!
Cosa que no impedía que si alguien me buscaba mis malas pulgas, terminara enredada de los pelos conmigo. Igual mi fama de buena hacía que nadie se atreviera a llamar a mis padres a la Dirección y terminaran castigando siempre a la otra parte, cosa que hoy veo muy injusta....pero digamos, me salvó de los severos castigos de mi padre!

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