Segundas nunca fueron buenas.

Esta vez decir adiós costo mucho.
Casi 72 horas antes me agarró una angustia incontrolable.Comencé a idear formas de quedarme otra semana, aunque yo sabía que era imposible tal cosa.
Nada.... que esta vez me estaba costando soltar amarras. Tal vez pensar que mi regreso podría demorar...o el solo imaginar otros 7 años de ausencia, hicieron que no pudiera mantener mi aparente calma.
Creo que mi padre lo sintió o tal vez quiso evitarse el disgusto. El dia antes se quedó toda la tarde conmigo, pero al caer la noche quiso irse. No hubo manera de detenerlo. Quise convenserlo para que cenara y luego se iba, pero ni eso. Ni mis lágrimas lograron que se le notara nervios ni tristeza. Solo se fue con un "Hasta pronto", como si yo viviera a la vuelta de la esquina.
Sus 81 años y esta despedida.
Luego pensé, mañana regresa, al fin y al cabo me voy a mediodía...pero no!...no volvió.
Mi madre se quedó con nosotros esa noche. Intentamos olvidar mi partida, para celebrar el cumple de mi cuñado.
Esta vez si había lágrimas. Una tristeza tan grande le fue dibujando un rostro desconocido para mí.Llegó la hora, y tal como habíamos decidido, al aeropuerto nos acompañarían mis amigas Dalita y Dialys, sus dos preciosas nenas y su padre. La familia quedaría, para evitar el dolor, mis muecas y lágrimas. Igual nada podía ser diferente, y en minutos más o menos, otra vez seríamos voces al teléfono.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada